El ejemplo más claro y cuyo Estado ya lleva adelante estas políticas para controlar a la sociedad, es el de China. Los gobiernos podrían tomar de ejemplo lo que está ocurriendo en China en la actualidad, y utilizar alta tecnología para controlar y vigilar a sus ciudadanos.

La teoría presenta el debate de si algunas medidas son tomadas por una cuestión de seguridad  y ayudan a ordenar el caos de la sociedad y a prevenir el crimen, o si más bien sirven para sembrar el autoritarismo a través del control excesivo y valiéndose de las herramientas tecnológicas para ello.

China, la sociedad del control

En China la policía utiliza anteojos de identificación facial para detectar a personas buscadas por algún delito. Se colocaron pantallas gigantes en donde cualquier persona que infrinja una ley como la evasión de impuestos, es castigada siendo su rostro mostrado en las pantallas. Si un peatón se pasa un semáforo en rojo automáticamente es aprehendido transmitiéndose su infracción en las pantallas.

Son alrededor de 200 millones las cámaras instaladas hoy en China, no hay manera de escapar de ellas. Al incumplir con una normativa se le envían mensajes instantáneos a los infractores y además de les cobra una multa. Además de que el castigo de figurar en las pantallas resulta humillante y todas las personas tienden a tratar de evitarlo a toda costa.

Black Mirror ya no se limita sólo a la ciencia ficción y se acerca cada vez más a la realidad. El Gobierno chino también ha implementado un sistema de puntuación para poder contar con la aprobación de créditos o viajes, y apartando en listas negras a todos aquellos cuyo comportamiento consideran desmerecedor de esos beneficios.

Algunos pagos incluso ya se pueden realizar directamente con el reconocimiento facial, y todo lugar que se viste, trayectos recorridos, hospedajes que se usen, son monitoreados y registrados.

Occidente en camino hacia la vigilancia y el control

En occidente algunas de estas medidas ya se están empezando a utilizar, principalmente para combatir el terrorismo e identificar a miembros de grupos musulmanes, sin embargo, ¿qué sucede sin con el pretexto de la seguridad –como ocurrió en China- los métodos de vigilancia de empiezan a utilizar cada vez más como una herramienta de control, que como una forma de prevención?

El uso por parte de los gobiernos de alta tecnología para controlar y vigilar podría traducirse en sociedades cada vez más represivas y autoritarias. ¿Es esto posible, o la tecnología -como sus defensores sostienen- es la herramienta de la democracia por excelencia? ¿El buen o mal uso, depende de en qué manos se encuentran estas armas?

Ya Michel Foucault había anticipado en 1975 la teoría de “Vigilar y castigar” en las sociedades e instituciones de control. La famosa estructura del panóptico de las cárceles de entonces de traducen hoy a la sensación de vigilancia constante en donde nos ven pero no vemos a quien nos vigila, el ojo invisible al estilo Gran Hermano, con la diferencia de que ahora esa vigilancia se realiza a través de nuestros móviles, GPS, movimientos bancarios, cámaras, la digitalización de nuestros rostros y el uso de las más altas tecnologías para controlar y vigilar.

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